martes, 16 de junio de 2015

Capítulo 1
-Porque Pambelé siempre estuvo reclamándole a Tabquito, el billete de sus peleas…
-Ese “poli” qué va a decir, si él fue uno de los que “coronó” con dos kilos de joyas cuando se pillaron a los “manes” que atracaron el banco prendario, haciendo la repartición en el cementerio viejo…
-A mí no me echan cuento esos “manes”, ellos son unos esquiroles cobardes y fueron los responsables de la caída de Salvador Allende cuando la huelga de transportadores…
-A ese tipo le dicen Terence Hill y lo cogieron en Barranquillita con dos guacales de pájaros y dos de babillas y mi comandante Plata lo mandó a “canadá” por 30 días por intento de soborno. En el negocio perdió $345.000 más la “modelada”…
-Parecen borregos, los están esquilando y no dicen nada. A nuestros antepasados por lo menos les daban un espejito. Esos contadores de agua registran hasta el agua de lluvia y el recibo de la luz, trae como 70 ítem y en ninguno dice cuál mes están cobrando…

Así, de este tenor, eran las peroratas de Chucho cada cincuenta metros, las cuales lanzaba a viva voz y convencido de que diariamente su audiencia lo esperaba y ésta, si bien no lo aplaudía, no tenía más alternativa que escucharlo.

Nestico también era un muchacho del barrio, de una familia normal. Trabajaba y se tomaba sus tragos los fines de semana. Como muchos otros se daba sus “toques” y, como todos, pensaba que eso no le perjudicaría en nada.

Un día se enamoró, se casó, la mujer le fue infiel y ahí empezó su nueva vida. Esa es la historia, cierta o no, que conocían todos en el barrio. Desde entonces Nestico deambula por los barrios aledaños al suyo, unas veces muy cuerdo y vivaz y otras bastante “solle” y locuaz. Parece pasar de un estado psíquico al otro con la mayor facilidad del mundo, como obedeciendo a los chasquidos de dedos de un hipnotizador invisible.

Cuando está en su estado normal es muy servicial. Puede ayudarle a preparar una mezcla, hacer una diligencia en el banco, atender un negocio, en fin, puede hacerle algún servicio siempre y cuando Ud. lo “cuadre” con algunas “lucas”, porque bobo no es. Usted puede hablar con él de cualquier tema: de los precios de la canasta familiar, de los problemas políticos de la ciudad y del país, de deportes o de cualquier asunto, con la seguridad que en el diálogo no detectaría usted jamás un asomo de anormalidad en su psiquis.

Cuando pasa al estado chévere, aunque usted no lo crea, es el hombre más feliz del mundo. Entonces es el jefe, el anfitrión y nunca “presta la guitarra”; sólo cuando se toma el trago de cerveza será cuando aprovechan sus contertulios imaginarios para expresar sus opiniones. Pero todo termina si usted se le acerca.

En un estadero en la esquina del barrio, dos caballeros departían muy cordialmente disfrutando unas “frías” para mitigar un poco el fuerte calor de esa tarde sabatina. Sostenían una charla informal tocante a asuntos familiares y laborales, cuando se parqueó al lado de ellos un loquito que lanzó la siguiente frase, despertando la curiosidad de ellos: “hay personas que tienen “más leche que un papayo”, si no cree, pregúntele a Gaviria, que gracias al papelito que leyó el hijo de Galàn el día del sepelio de su padre, llegó a donde está”.

A partir de ese momento, los dos caballeros, que ahora se sabía eran profesionales de la medicina y del derecho, se enfrascaron en una discusión que involucró a otros parroquianos y que fue subiendo de tono al compás de cervezas que iban y venían. Hasta que el mesero pasó la cuenta. Pasó una patrulla policial y los llevó a todos a una inspección de policía.

Capítulo 2
Inspector - ¿Usted quién es y por qué está metido en esto?
Pacho - Yo soy Pacho y yo no me metí en esto, que me quieran meter es diferente.
Inspector - Pero usted también tomó cervezas.
Pacho - Bueno, yo me acerqué ahí y di una opinión porque conozco al joven Chucho de quién estaban hablando y alguien me ofreció una cerveza y yo acerqué una silla. Entonces les conté quién era Chucho. Les dije que era un muchacho normal de una familia muy pobre. Que era muy estudioso, pero de un momento a otro apareció así. Sale temprano y a cada momento se detiene y lanza una arenga. Fue entonces cuando intervino el médico explicando que la locura tiene muchas causas: por patología, por herencia, incluso por el tipo de trabajo o profesión. Por ejemplo, decía él, entre abogados y artistas y otros hay un buen contingente de psicópatas. Enseguida el abogado se paró y en tono alto le pidió al médico más respeto para él y su profesión. El médico le explicó entonces que eso se debía al exceso de estudio e investigación a que están sometidos, no solo ellos sino también los médicos. Que el caso de Chucho lo más seguro era una sub-alimentación y posiblemente alcohol, o droga o ambas cosas.

Inspector – Muy interesante. Pero usted mandó una tanda de cervezas.
Pacho – Si doctor, pero fue porque los doctores estaban distraídos.
Inspector – ¿Está usted trabajando?
Pacho – En el momento no, si precisamente mi compadre Tulio me estaba dando una dirección para un trabajo cuando se formó el problema, pero como ese tipo es “más cagado que patio escueto”, desapareció enseguida y ni siquiera pagó las tres cervezas que pidió.
Inspector – Muy bien, teniendo en cuenta eso, usted pagará 6 cervezas y $5.000 de multa por escándalo en la vía pública. ¡El siguiente!

Inspector - ¿Y usted quién es y qué hace?
El Mañe – Yo soy el Mañe y soy ayudante de Pacho. Yo sí no tengo nada que ver en esto Doctor.
Inspector – Pero estaba sentado en la mesa y tomó cervezas.
El Mañe - Pero fue que el maestro Pacho, en la segunda ronda, me ofreció una.
Inspector – Puesto que reconoce los hechos pagará 5 cervezas y $3.000 de multa. ¡El siguiente!

Inspector - ¡Agente Ramírez! ¿Qué hace este borracho aquí?
Agente –Él es uno de los cuerpos del delito, señor Inspector.
Inspector – Agente, más seriedad en el asunto ¿Por qué está aquí?
Agente – Él es Chucho, el loquito locuaz. Se durmió desde la tercera cerveza.
Inspector - ¡Loquito, loquito!
Agente – Usted verá Inspector, yo de usted lo dejaba ahí.
Inspector - ¡No sea idiota agente, no ve que lo estoy llamando para ver si despierta! ¿Dónde está el otro loco, está borracho?
Agente – A ese no lo emborracha ni un container de cerveza. Cuando vio que se formó el lío desapareció enseguida.

Inspector – ¡Su nombre y a qué se dedica!
El Flaco – Me dicen El Flaco y me dedico a vender frutas, Doctor.
Inspector - ¿Y qué hacía en ese cuento si estaba trabajando?
El Flaco – Eso mismo me he estado preguntando también Doctor, porque yo soy el que menos.
Inspector – El que menos tomó cervezas y se tragó como diez.
El Flaco – ¡No! No Doctor. Quiero decir, el que menos formó problemas. Yo llegué a la mesa porque me llamaron y empezaron a preguntarme sobre Nestico y también empezaron a llegar las cervezas. El doctor explicaba que ese era un caso típico de desdoblamiento de personalidad pero que necesitaría estudiarlo más
para interpretar bien la patología del individuo. También dijo que había algo de epilepsia debido a que en esas pausas que él hace cuando está hablando solo, es que debe estar escuchando voces internas.
Fue entonces cuando el abogado dijo que eso no podía ser, porque la epilepsia era una patología netamente orgánica y no psíquica. Sostenía el abogado que Nestico era simplemente un loco, pues mantenía unos diálogos con supuestos amigos, y además, ¿Qué más muestra de locura que tomarse toda la cerveza que escurría de las botellas? Entonces el médico explicaba que eso no necesariamente era locura, pudo haberse acostumbrado a hacer eso por carecer de dinero para comprarla y la prueba es que cuando tiene plata la compra.
Eso fue todo, después me retiré porque mi mujer me llamó al puesto de frutas.
Inspector – Sí, sí claro. Como quien dice había abandonado usted el puesto de trabajo y también abandonó el lugar de los hechos, por lo tanto, antes de que abandone este lugar, lo condeno a pagar 6 cervezas y $5.000 de multa para que comprenda en qué momento debe trabajar y en qué momento divertirse. ¡Que pase el siguiente!

Inspector - ¿Es usted médico?
Doctor - Si señor, trabajo en el hospital mental.
Inspector - ¿Doctor, qué hacía usted metido en ese zafarrancho?
Doctor – Bueno, no tan literalmente señor inspector. Lo que pasó fue que el abogado y yo disentíamos sobre asuntos médico-científicos a raíz de la presencia de esos dos muchachos, Nestico y Chucho. Desavenencias más que todo de apreciación de normas. Entraron otras personas a mediar, como el frutero, y el asunto se salió de nuestras manos.
Inspector - ¿Y cómo puede mediar un vendedor de frutas en una discusión médico-científica entre ustedes?
Doctor – Bueno, por la sencilla razón que él conoce muy bien a uno de los personajes.
Inspector – Bien doctor, esta situación debe ser penosa para usted, así que aligeremos su salida, pagará 20 cervezas y $15.000 de multa.
Doctor – ¡Pero inspector, como así! ¡Si yo no invité a nadie ni pedí que me invitaran!
Inspector – O.K. La verdad es que todavía no sé cómo llegó usted ahí. Pero cambiemos a 30 días de arresto por escándalo en la vía pública.
Doctor – Está bien, está bien.
Inspector - ¡Que pase el siguiente!

Abogado - ¡Mi querido inspector! Parece que las arcas de la rama jurisdiccional han sido muy generosas en esta administración. Tiene usted una bonita y cómoda oficina.
Inspector – Gracias, es usted muy buen observador abogado, pero deme su versión de la guachafita que formaron.
El abogado carraspea y dice.
–¡Doctor! Mi querido inspector.
Inspector – Muy bien, mi querido DOCTOR. Tengo entendido que usted era el anfitrión.
Abogado – No, no. Nada de eso. Sencillamente me detuve a saludar al médico y como insistentemente se quejaba del fuerte calor, le invité a tomar una cerveza, que debido al calor sofocante y lo ameno de la charla, pasamos a varias sin recordar yo quien las pedía.
Inspector – Muy interesante, continúe.
Abogado – Bien, estábamos en eso cuando por coincidencia apareció Chucho y Nestico. De manera que por algunas opiniones discrepamos en asuntos médico-legales. Sin que nos diéramos cuenta, todo degeneró en discusión con intervención de otras personas.
Inspector – Pero usted mandó varias cervezas.
Abogado – No, no, mi querido inspector y colega. Yo sólo mandé dos, las demás no sé cómo aparecieron.
Inspector – Usted trabaja en el Transito ¿verdad?
Abogado - Por supuesto mi querido amigo. Ahí estoy a sus gratas órdenes. Bonito carro tiene usted.
Inspector – Muy bien, muy bien. Entonces lo sentencio a pagar 25 cervezas y $20.000 de multa.
Abogado – Momento, un momento inspector. Usted no puede repartir multas así a la ligera.
Inspector – Mí querido doctor y colega, si yo no estoy haciendo esto a la ligera, lo estoy redactando muy despacio ¿o prefiere los 30 días de arresto por escándalo en la vía pública y negarse a pagar la cuenta en un establecimiento público? ¡El siguiente!

Inspector - ¿Es usted propietario o administrador del negocio?
Empleado – Naranjas mi inspector. Yo soy el mes uno.
Inspector- ¿Mesuno, y eso que vaina es?
Empleado – Ayudante del mesero, mi inspector.
Inspector - ¡Aja! Siga con sus chistes flojos que va muy bien. Ahora cuénteme su versión de los hechos punitivos.
Empleado - ¿De los qué?
Inspector- ¡Del relajo ese que se formó allá!
Empleado – ¡Ah! Que llegaron los doctores y pidieron dos cervezas y después dos más. Al rato se acercó el albañil y llevé tres, después el maestro pidió cuatro y le dio una a El Mañe, el ayudante de él, que ya estaba sentado en esa mesa. En el siguiente pedido fueron cinco porque ya estaba ahí el Flaco, el vendedor de frutas, que estaba dando algunas explicaciones. Después llamaron a la mesa a Chucho que estaba parado en la esquina con su cháchara de todos los días. Llevé cinco más y me extrañó que dejaran que Chucho pidiera dos más que se metió debajo de los sobacos, pero como lo estaban mojando, se tomó una y me dio la otra. Lo raro mi inspector, es que Chucho se quedó callado al instante de tomarse la cerveza de un solo buche y por más preguntas que le hacían los doctores, permanecía mudo como una tapia. ¿Qué opina usted mi inspector?
Inspector – Yo no opino nada y deje de llamarme mi inspector que yo no soy nada suyo.
Empleado – Como usted diga, mi inspector. Bueno yo me quedé ahí parado escuchando la discusión de los doctores pero no entendía mucho. Llamaron a Nestico que estaba cerca cuidando una carretilla de mangos.
Lo que no sabían ellos es que ese tipo es una cuba y no soporta el olor a cerveza porque se solla. En fin, él llegó sonriente y le pidió una cerveza al abogado y como la tarde se estaba poniendo buena, yo llevé siete cervezas.
Nestico empezó a preguntarle cosas al abogado y cuando supo lo que era, le pidió que le “tirara una liga” porque ellos ganaban bastante dinero sacando a los malandros de la cárcel. Al abogado no le gustó el comentario y le aclaró que él trabajaba en el Transito, por lo que Nestico empezó a explicarle entonces cómo identificar de dónde es un vehículo y de qué año es. Enseguida me hizo señas que sirviera otra tanda. Él ya había terminado y los otros también, pero los doctores aún estaban llenos. Yo miré e hice señas al abogado para confirmar el pedido, pero ellos estaban embobados escuchando al loco ese. Así que llevé siete más. El Chucho se había tomado tres y ya estaba profundamente dormido. Así que seguí llevando cervezas. Nestico ya estaba desvariando más que de costumbre porque a él la cerveza normal lo emborracha pronto, ya que está acostumbrado a tomarla por galones, caliente y una mezcla de todas las clases, que escurre de los envases.
Los doctores estaban subiendo el tono y como ya completaban dos canastas de cervezas, les pedí el favor que me cancelaran esa cuenta y siguieran pidiendo.
Enseguida el abogado montó en cólera y preguntaba que de dónde carajo habían salido dos cajas si ellos apenas se habían tomado unas diez cada uno. El médico había enmudecido como Chucho, el maestro de obra y su ayudante ya estaban en su mesa original llamándome para cancelar las tres cervezas que habían pedido inicialmente. Chucho dormido. Nestico despareció de una con su personalidad ya normal. El frutero se fue dizque a dar un cambio de una compra de frutas. Afortunadamente desembocó una radio patrulla en ese momento y aquí estamos.
Inspector – Muy interesante todo. ¿De manera que usted también tomó cervezas?
Empleado – Cervezas no, mi inspector. Una nada más.
Inspector – Pero usted es un empleado y no debería tomar en esos momentos.
Empleado – Si mi inspector, pero sólo fue una por el calor.
Inspector – Bien, aquí se le recogió el importe de las dos canastas de cervezas y se le descuentan diez mil pesos de multa por dos razones: una para que la próxima vez se asegure quién es el responsable de la mesa y dos, por desacato a la autoridad al seguir llamándome mi inspector.

El inspector recogía sus objetos personales y se aprestaba a salir a disfrutar de una estupenda farra sabatina en compañía de la chica que acababa de citar. Al fin había solucionado el asunto del combustible de su carro para el fin de semana, cuando entró el agente Ramírez.
Agente – Inspector, con su permiso. Hay un cachaco en la puerta que quiere hablar con usted respecto al caso que está ventilando.
Cachaco – Buenas, señor inspector.
Inspector – Buenas, siga. Ya terminé con este caso ¿Qué más quiere decir usted, también tomó cervezas?
Cachaco – No señor, bueno sí, pero no allí sino en la tienda. Mire, yo tengo una tienda a media cuadra de ahí y como me quedé sin cervezas fui a comprar cuatro cajas en ese estadero. Me llevé dos y dejé las otras dos en la acera al cuidado de mi hijo que está llenando una cartilla de concurso de cervecería. Yo me demoré un poco atendiendo unos clientes...
Inspector - ¡Óigame señor, yo estoy saliendo ya de turno y no veo la relación con el caso!
Cachaco – Es que cuando regresé, el hijo mío estaba en esa mesa...
Inspector – ¿También tomó cervezas?
Cachaco – No, señor inspector, se estaba peleando las etiquetas de las botellas con otros chicos y mis dos canastas habían desaparecido. Yo estoy seguro que son esas dos del cuento.
Inspector - ¡Que vaina! ¡Agente Ramírez! ¡Tráigame a toda esa gente otra vez!
Agente – Pero inspector, ya todos se “pisaron”.
Inspector- ¿Cobró las multas?
Agente- ¿Cuál multa? ¡Usted no me dijo nada!

FIN
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